Cayo Hueso, Parte I

Screen Shot 2016-04-27 at 1.19.22 PMFui a Key West por primera vez hace muchos años. Me llevó mi hermano y fue amor a primera vista. No solo tiene ese irresistible “Island vibe” que inevitablemente me recordó a aquel contrato que firmamos 3 amigas (¡hermanas!) a punto graduarnos del colegio que decía que algún día volveríamos a vivir en la hermosa St. Thomas (ahora, con 4 hijos y 2 maridos entre las 3, ¿todavía nos quedará tiempo?), sino que tiene una historia muy rica.  Para llegar vas por el Overseas Highway y pasas el impresionante puente de las 7 millas que va por encima del agua desde Marathon hasta Little Duck Key; ¡solo el paisaje es una belleza! Es la última de las 1,700 islas que componen el archipiélago de los Cayos de la Florida (Florida Keys) y que se extiende por la Península de la Florida, empezando 15 millas al sur de Miami y llegando hasta escasas 90 millas de Cuba en Key West (de hecho, el último islote es Dry Tortugas, una reserva natural protegida e inhabitada).

Key West es un “party town”. Oficialmente hay 360 licencias de licor emitidas en la ciudad. Al primer lugar que me llevó mi hermano fue a Sloppy Joe’s, célebre barra en Duval Street donde famosamente filosofó y se emborrachó muchas veces uno de mis favoritos, Ernest Hemingway (canceriano, amante de los gatos, borrachón, atormentado y mujeriego; ¡qué más se puede pedir!). Sloppy Joe’s pasó dos cambios nombres y una mudanza al local actual en 1937, pero abrió originalmente -y se ha mantenido en servicio de manera ininterrumpida desde entonces, el 5 de diciembre de 1933. ¿Qué tiene de especial esa fecha? Fue el día en que terminó la prohibición de alcohol en Estados Unidos. O sea, que en un principio, Sloppy Joe’s era un “speakeasy”, una barra clandestina de esas que los ‘hipsters’ en París, Miramar y Miami Beach juran que fueron invención de ellos. No se cuantas barras hay en la Calle Duval, pero hacer “bar-hoping” en ella tiene nombre propio: The Duval Crawl. Pero claro, mi hermano me conoce y sabe perfectamente que no es lo mismo ir a Fat Tuesday’s o al Hard Rock, que ir a la barra donde Hemingway se sentó, bebió y de hecho fue él quien sugirió el nombre actual. “Papa Hemingway” nació un 21 de julio (yo, un 17), y para esa fecha hacen hasta un concurso del “Hemingway look-alike”, además de lecturas de sus obras y otras actividades culturales. Uno de mis lugares favoritos en Key West es la casa de Hemingway (The Ernest Hemingway Home and Museum), donde vivió el escritor norteamericano de 1931 a 1939, y que fue suya hasta el momento de su muerte en 1961. Hoy día es habitada por gatos, descendientes de sus gatos y que tienen 6 y hasta 7 deditos en las patitas. Es hermosa. Fue construida en 1851 en el estilo colonial francés, y ha sobrevivido todos los huracanes que han pasado por la isla, lo cual dice muchísimo de lo bien construida que está. Fue un regalo de boda de un tío de su segunda esposa Pauline y costó $8,000 en subasta. Puedes ver el estudio donde Hemingway escribió su novela “To have and have not” y varios de sus cuentos cortos e historias de no-ficción. Hay historias muy simpáticas sobre cuanto costó la construcción de la piscina y en la habitación principal (donde los gatos duermen en la cama como Bécquer en la mía) hay un gato hecho por el mismísimo Picasso como un obsequio para su amigo gatuno.  Aunque no seas fanático de Hemingway o de los gatos, siempre que me preguntan, recomiendo la casa-museo como un punto imperdible en Key West.
En las afueras de Key West hay una pequeña edificación de ladrillo, un fuerte que data de la Guerra Civil y que se designó como un punto de defensa contra las fuerzas confederadas; porque aunque Florida es el punto más al sur de Estados Unidos, Key West era controlada por la Unión (las fuerzas del norte; a pesar de que la gran mayoría de la población de Key West apoyaba al ejército confederado). Su construcción nunca se terminó porque la realidad es que nunca hubo batallas por estos lados y fue abandonado por el ejército.  En 1950 el Key West Art & Historical Society tomó riendas de la propiedad y hoy día es el Fort East Martello Museum. Ahí puedes ver las extrañas esculturas de metal de Stanley Papio, algunos artefactos de naufragios, de la Guerra Civil y de la industria del tabaco, que ayudó a moldear la historia y desarrollo de Key West. No es una colección particularmente interesante (o sea, ¡hemos visto muchos y mejores museos!). Entonces, ¿qué más hay en Fort East Martello? Pues en la galería “Ghost of East Martello” hay un residente peculiar. Es un muñeco, aproximadamente de 40″ de alto y vestido de marinero, que de primera impresión se ve de lo más inofensivo. Robert. Claro, si ya has escuchado historias de Robert, le empiezas a ver mil cosas espeluznantes al muñequito (¡el poder de la sugestión es bien grande!). “Robert the doll” fue donado al museo en 1994, por Murtle Reuter, su última dueña. Y Murtle lo donó porque alegaba que Robert se movía solo por su casa. Murtle murió apenas unos meses luego de donar a Robert, pero el muñeco siguió activo. Aquí va su historia…
A principios de los 1900s, Thomas Otto vivía en Key West con su esposa y pequeño hijo, Robert Eugene Otto. Eran una familia adinerada y tenían una casa hermosa en la Calle Eaton (y me consta que es hermosa porque he estado en esa casa). Parece que la pareja sería muy pudiente, pero no trataba nada bien a su servidumbre. Se dice que una empleada que tuvieron, bahameña, cansada del maltrato y conocedora de la magia negra y el vudú, le regaló a Robert Eugene el muñeco, hecho de alambre, tela y paja, pero, cuentan las leyendas de Key West, que cargado de maldiciones y malos espíritus. El niño sintió un apego instantáneo a Robert. Y ahí empezaron problemas y eventos raros que durarían toda una vida. Le puso su mismo nombre -Robert (a él le decían Gene). Sus padres lo escuchaban teniendo largas conversaciones con el muñeco y, dicen, que a veces escuchaban una voz que le contestaba (no estoy diciendo que el muñeco le contestaba, solo lo que dicen una de las muchas historias relacionadas a Robert y a Gene). Cuando a Gene lo regañaban por cosas que pasaban en la casa, platos rotos y ese tipo de cosa, sus padres siempre recibían la misma respuesta: “Lo hizo Robert”.  Pasaron los años, Gene se fue a París, donde hizo una carrera en las artes (se destacó como pintor), se casó y eventualmente regresó a Key West a vivir en la hermosa casa victoriana que heredó de sus padres. ¿Qué hizo Gene al volver a la casa con su esposa? Le separó una habitación especial a Robert, con muebles pequeñitos para él e insistió que tuviera vista a la calle. Robert se sentaba en una mecedora de madera. Quieto. ¿Quieto? O sea, el apego era más que extraño, y yo la esposa, ni por la casa victoriana me quedaba, ¡hubiera salido corriendo! Bueno, pues los vecinos decían mil cosas, que veían a Robert en la ventana de la torre de la casa, mirando a los niños pasar cuando salían del colegio; que se movía de ventana a ventana, que se oían pasos en el tercer piso de la casa, risas… En 1974, Gene murió y su viuda Anne se mudó de la casa. Pero Robert se quedó. Fue guardado en el ático por años, aunque siempre se reportaron cosas extrañas como la risa y los pasos. Hasta que unos nuevos dueños encontraron a Robert guardado. Tenían una niña de 10 años que se convirtió en su nueva dueña (aunque yo creo que Robert nunca tuvo “dueño”…). La niña se despertaba gritando en las noches, diciendo que Robert se movía por el cuarto y hasta llegó a decir que en una ocasión trató de matarla. Y entonces eventualmente fue donado al fuerte convertido en museo. Hoy, puedes quedarte en la casa donde vivieron Gene y Robert. El Artist House es un bed & breakfast alojado en la casa victoriana de los Otto.  Se dice también que el espíritu de Anne se siente en la casa, y que regresó para cuidarla de Robert, y te puedes quedar hasta en la suite de la torre, ¡y ahí es que dicen que se oye y se siente de todo!   A Robert lo puedes ver en exhibición en el museo, y también hay mil historias que lo acompañan. Una vez al año, durante el mes de octubre, Robert es llevado de East Martello al Antiguo Edificio de Aduana y está en exhibición durante todo el mes. Se dice que es su mes de mayor actividad energética.  El folklor popular es este: a Robert le cambia la expresión de la cara; se puede mover cuando le das la espalda; ha envejecido; tienes que pedirle permiso para tomarle una foto, si inclina su cabeza para un lado, tienes permiso de tomar la foto, sino, no. Se dice que antes de las cámaras de digitales, se dañaban siempre los rollos de las fotos que le tomaban. Los empleados del museo hablan de cambios de energía en el edificio y recomiendan que uno se le presente (“Hola Robert, soy Maru y vine a conocerte”). Las cartas que hay en su vitrina son de gente que le ha tomado fotos sin pedir permiso y le caen años de mala suerte; esa es una de las cosas que se le atribuyen a Robert. Las cartas son pidiéndole disculpas al muñequito. Yo les puedo decir que le tomé fotos, no le pedí permiso y… ¡Ah! ¡Ahora entiendo muchas cosas! ¡Mentira! Robert sí te da una sensación rara. No se si por las noches saldrá caminando como Chucky por el fuerte, pero se que ha sido sujeto de estudios paranormales serios y ha sido visitado por sinnúmero de mediums, psíquicos y personalidades como Zac Bagans de Ghost Adventures. Sus cuidadores (o sea, empleados del museo) a veces desarrollan también una extraña atracción con él.  En el gift shop del museo puedes comprar tu propio muñequito de Robert. Yo quería uno; mi madre no me dejó comprarlo. ¿Te tomarías una foto con Robert? Yo le tomé una a mi mamá…
Otro día les cuento del día en 1983 cuando Key West se independizó de Estados Unidos…
Si quieres visitar algunos de los lugares de los que he hablado en Key West, te dejo la siguiente info:
Artist House Key West: http://www.artisthousekeywest.com, construida en 1890, puedes seguir los pasos de Robert en la que una vez fue su casa y ver si sientes el espíritu de Anne; 534 Eaton Street
Sloppy Joe’s: 201 Duval Street, abierto los 365 días del año, de 9am a 4am
The Ernest Hemingway Home and Museum: 907 Whitehead Street ($13 adultos, $6 niños)

Fort East Martello Museum: 3501 S. Roosevelt Boulevard (adultos $10, niños $5)

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