Las Brujas de Salem

El Dalai Lama dijo alguna vez, “una vez al año, ve a un lugar que nunca hayas ido”. Entonces en días recientes, que tenía un viaje de trabajo a Rhode Island, me dispuse a seguir el consejo del sabio monje tibetano y planeé una visita a Boston, Massachusetts. Boston fue el lugar donde nació la revolución por la independencia de los Estados Unidos. Es una ciudad-ciudad, linda, cosmopolita, con historia que puedes recorrer por un sendero marcado por ladrillos rojos, conocido como el Sendero de la Libertad (Liberty Trail), y lo puedes hacer tú mismo o guiado por Benjamin Franklin y acompañado por las ardillas más amistosas que he conocido, las del parque Boston Common. Es la capital de Massachusetts, el centro financiero, comercial y político de Nueva Inglaterra, además de contar con algunas de las instituciones educativas más prestigiosas del mundo: Harvard y MIT, entre otras. Puedes recorrer desde historia “pop” como la famosa barra de Cheers en Beacon Hill, hasta barrios históricos que albergaron a los primeros patriotas estadounidenses y que recibieron generaciones de inmigrantes. Puedes dar vueltas por horas y horas para encontrar estacionamiento en el North End, el “Little Italy” bostoniano, donde verás filas de cuadras para comprar cannolis y edificios con letreros en italiano. Pasarás por la sede corporativa de compañías como Tripadvisor y Converse y puedes recorrer el también histórico Río Charles. Y no todos tienen la suerte que tuve yo, de estar en la ciudad justo el día del retiro de Major League Baseball del dominicano David Américo Ortiz Arias, el mismísimo Big Papi, y vi una ciudad forrada de orgullo por los logros de su hijo adoptivo, vitrinas, billboards, camisetas, todos leyendo #ThanksPapi.

Pero de seguro todas esas cosas las puedes encontrar en cualquier guía de la ciudad. Y de eso no se trata este espacio. Como siempre, uno piensa que va por una cosa y lo que termina llamando tu atención no tiene nada que ver con lo que saliste a buscar. Bien dijo John Lennon en una canción, “la vida es lo que sucede cuando estás ocupado haciendo otros planes”. Para esta corta aventura por New England, recluté la compañía de una de mis mejores amigas, de esas hermanas que la vida te regala cuando menos te lo esperas. Ella tampoco conocía estos lados del país y parece confiar ciegamente en todas mis recomendaciones, cosa que agradezco pero también te da cierta presión de “ay dioj mio, espero que veamos cosas chéveres”. Terminamos alquilando un auto, aunque ella fue muy clara: yo me tenía que encargar de manejar. Ella se encargaría de la música. No tengo ningún problema con esto, porque si algo he descubierto en estos 4 años que llevo viviendo en Estados Unidos, es que me gustan los roadtrips. Y lo mejor que tienen los roadtrips es los lugares inesperados que encuentras en el camino. Además, como buena canceriana, me gusta ser buena anfitriona aunque no esté en mi ciudad. Habíamos pensado hacer una visita a Newport, Rhode Island. Pero terminamos madrugando a una ciudad que a mi me interesaba conocer desde hace tiempo: Salem, MA. La mismísima Salem de los juicios de las brujas, que ha inspirado películas, series y obras de teatro. Hay lugares que tiene una magia innata. Salem es uno de esos lugares.

Salem está en la costa noreste del estado, en el Río Naumkeag, y es notoria por la infame cacería de brujas que tuvo lugar a finales del siglo XVII. Imagino que casi todos conocen esa triste historia: un médico local diagnosticó a varias adolescentes de estar “hechizadas”. ¿El resultado? 19 personas murieron colgadas y otro, literalmente, aplastado por piedras. Pero demos un poco más de trasfondo; Salem fue fundada por Puritanos. Los puritanos eran un grupo de ingleses protestantes reformados que buscaban “purificar” la Iglesia de Inglaterra de prácticas católicas. Y aunque llegaron a lo que luego se convertiría en Estados Unidos huyendo de persecución religiosa, estos señores eran muy poco tolerantes. Vivían una vida que a todas luces, debe haber sido aburridísima. Pero la histeria colectiva que desataron las niñas aburridas que empezaron a acusar a medio pueblo de “brujos” fue demasiado lejos. Ese “puritanismo” hizo que encarcelaran injustamente a muchas personas, algunas murieron en la cárcel, a algunas las colgaron en plaza pública, como era la usanza de la época. La histeria duró casi un año y al tiempo se emitió un edicto ordenando liberar a todas las personas encarceladas por supuesta brujería. Aunque desde ese entonces nadie más ha sido colgado (o condenado) por brujería en Estados Unidos, para muchas familias, el daño ya estaba hecho. No se si he comentado antes por este medio que mi hijo es muy fanático del programa de Travel Channel, Ghost Adventures (piensa que Zak Bagans es un rockstar, aunque su padre se encarga de recordarle que nunca en los episodios pasa nada interesante), y la gente piensa que soy yo la que he enseñado el interés por estos temas sobrenaturales; pero la realidad es que le gustaba ver Scooby-Doo desde que era prácticamente un bebé. Pues los chicos de Ghost Adventures obtuvieron permiso de realizar una de sus investigaciones en el Witch House (si a alguien le interesa verlo, es el episodio 19 de la 4ta temporada). El “Witch House” o la Casa Corwin es la última estructura que se mantiene en pie que está directamente relacionada a los juicios de la brujas de 1692. Fue la casa del Juez Jonathan Corwin (1640-1718) y se cree que fue construida entre 1620 y 1642. El juez la compró en 1675 y vivió allí por más de 40 años. De hecho, sus restos están en un cementerio cercano, Broad Street Cemetery. La casa se mantuvo en la familia Corwin hasta mediados del siglo XIX. Cuando hablan de Salem, le dicen “la ciudad de las brujas”. Yo la verdad no sabía que esperar, pero lo que encontramos fue una ciudad pintoresca , amable y muy divertida. Caminamos por Essex Street, que es una de las calles principales del distrito histórico. Nos retratamos en la estatua de “Samantha” del programa Bewitched. Allí vimos a un Frankestein caminando como si nada, vimos perritos vestidos con una gran variedad de atuendos (resultó que había un desfile de perros ese día) y esa estructura negra en el número 310 de la Calle Essex. La verdad es que choca con la simpatía del resto de la calle. Porque aunque Salem tiene un pasado muy pesado, y por eso es favorita de estudiosos paranormales (mucha gente murió y fue perseguida de manera injusta por esas mismas calles que caminamos nosotras más de 300 años más tarde), es una ciudad alegre. No teníamos mucho tiempo para recorrer porque ambas teníamos que coger vuelos a casa esa tarde, y ya como guía de esta excursión había decidido (sin consultar) que visitaríamos el Museo de las Brujas de Salem, así que no entramos a la Casa Corwin. Pero ese color negro, esa estructura, definitivamente tiene una energía particular. El Juez Corwin fue llamado a investigar actividad demoniaca en el “boom” de la cacería de brujas. Bajo su mandato, 19 personas fueron condenadas. Ninguna admitió practicar brujería y hasta el final proclamaron su inocencia. La casa es un excelente ejemplo de la arquitectura del siglo XVII de Nueva Inglaterra y contrario a lo que se dice, en la casa no se llevaron a cabo ni interrogatorios ni ninguna parte de los juicios. La casa es un museo operado por la ciudad de Salem. Seguimos nuestro camino hacía el Museo de las Brujas. Es un edificio café, imponente a pesar de no ser muy grande. Está localizado en el medio de Washington Square. La exposición es basada en documentos reales de los juicios. La realidad es que después de haber visitado museos de clase mundial como el MET de Nueva York, el Louvre de Paris, el Museo de Antropología en Cuidad México, entre otros y de ver atracciones como las de Universal Studios, este museo es totalmente “passé”. La exhibición principal consta de maniquíes que representan escenas de la vida en Salem a finales de los 1600’s con una narración grabada, y escenas de los juicios y la cárcel. Pero como comentaba, está basada en transcripciones de los juicios. La segunda parte del museo (después que te hacen pasar como 20 veces por el Gift Shop) es sobre la percepción de las “brujas” en tiempos contemporáneos. Esto nos llamó la atención, casi terminando el recorrido: una placa en la pared lee que en 1999, la ley #678 de la Casa de Representantes de Massachusetts, que limpiaba de una vez por todas los seis nombres restantes de las víctimas de los juicios de brujas, aún permanecía en el comité judiciario esperando ser aprobada. Más de 300 años después.

Aunque Salem conoce perfectamente la injusticia de su pasado, ¡la verdad es que le sacan el jugo para el turista! Hay visitas guiadas, “walking tours”, “ghost tours”, hay museos (al final les doy una listita). Sin embargo, lo que más encantador encontramos de la ciudad fue recorrer sus tienditas, donde encontraras el típico souvenir de camisetas y llaveros, pero también encontraras quien te lea las cartas o la mano. Puedes comprar velas para hacer que una relación se rompa (¡la tuya o la de alguien más!), o si algun marchante se ha portado mal contigo, puedes comprar una vela que haga que el “amigo” no le funcione (¡por módicos $12.99!). Te puedes encontrar a Michael Meyers en la calle, verás gente vestida de la época dando visitas guiadas, te encuentras altares a los muertos, famosos y cotidianos, de hace años y de hace poco. Verás arquitectura de estilo gregoriano, federal americano. Aquí nació Nathaniel Hawthrone, el mismo que escribió la famosa novela –que yo encontré aburridísima cuando la tuve que leer en décimo grado, “The Scarlet Letter”. Y es la ciudad que inspiró a Arthur Miller, ese que fue esposo de Marilyn Monroe, a escribir una de sus obras más famosas, “The Crucible” (que luego fue llevada al cine con Wynona Ryder y Daniel Day-Lewis).

Llegué a New England pensando en los Kennedy y en Harvard. Salí encantada  con una pequeña ciudad costera a la cual estoy segura que volveré. Por esos días leí esto:

“Mi niña, la palabra “bruja” define a un tipo de mujer sabia, independiente, fuerte. Por siglos, las brujas fueron las mujeres que ayudaban a nacer a los niños, a curar a los enfermos, a consolar el dolor. Sabían escribir y leer, cantaban las canciones del pueblo, conservaban sus memorias. Ser bruja es un privilegio de espíritus libres, de corazones osados y sobre todo, de crecimiento espiritual pero en una dirección distinta a la que la Iglesia comprende. A la bruja se le ve como algo remoto, lejano. De otro tiempo. Pero la bruja no tiene edad ni tampoco una época, los espíritus fuertes trascienden esas ideas. La búsqueda de conocimiento siempre es la misma, a pesar de que transites caminos distintos a los habituales, a los evidentes. Y una bruja lo hace, sea con el conocimiento de las hierbas o caminando por una ciudad moderna. Es el poder de la imaginación.”

Cosas para hacer en Salem:

  • The Salem Witch Trials Memorial – es un lugar de reflección y respeto; un tributo a las víctimas
  • The House of the Seven Gable –inspiró la novela del mismo nombre de Nathaniel Hawthrone; también conocida como la Mansión Turner-Ingersoll, es un museo con visitas guiadas
  • Salem Ferry – funciona de mayo a octubre y ofrece viajes desde Boston (y hacia Boston); el viaje de adulto ida y vuelta es $45; un solo viaje, $25
  • Statue of Elizabeth Montgomery – la de “Bewitched” (¿quien de chiquita no trató de mover la nariz como Samantha?); hubo su chisme: esto fue una iniciativa del canal TV Land pero hubo gente que se opuso, alegando que minimizaba el sufrimiento de las víctimas de los juicios
  • The Witch House / Corwin House – la casa del juez que les contaba aquí; la ultima estructura en pie directamente relacionada a los juicios
  • Peabody Essex Museum – arte y cultura de New England; parte del East India Marine Society, localizado en Essex Street
  • Salem Witch Museum – el que les contaba, la exhibición es basada en los juicios, entrada de adultos es $11; calcula 1 hora para esta visita
  • Salem Witch Village – esto es lo divertido de Salem, las casa embrujadas, las tiendas, los monstruos caminando por la calle
  • Phillips House – mansión histórica de New England, $8 para adultos
  • Witch Dungeon Museum – hacen actuaciones de los juicios; museos “primos”, New England Pirate Museum y Witch History Museum
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