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Las Siete Villas de Coral Gables

Siguiendo con los barrios de Miami, hoy les cuento algo muy particular sobre otro barrio lleno de historia: Coral Gables. Coral Gables está situado en el suroeste de la ciudad y fue una de las primeras comunidades en Estados Unidos con una base de planeación urbana. La mente brillante detrás de este singular espacio, donde no se sigue la numeración de calles y avenidas del resto de la ciudad sino que todos los nombres de esas calles y avenidas están en muros de piedra bajitos en cada esquina y todos son en español, fue del señor George Merrick. Merrick era un desarrollador de bienes raíces nacido en Pennsylvania en 1886. Su familia se mudó a Miami cuando él tenía 12 años; estudió leyes en Nueva York hasta 1911, cuando la muerte de su padre aceleró su regreso a las soleadas costas de Miami. Fue un pionero de las carreteras de esta parte del país (¿lo podemos traer de regreso para que termine el Palmetto?), incluyendo las vías que conectarían la comunidad de Coral Gables con el resto de la creciente ciudad de Miami. Junto con el Comisionado Edward DeVere Burr, estuvieron envueltos en la gran mayoría de los proyectos de construcción de carreteras del condado de Miami-Dade, desde mi ruta diaria de lunes a viernes de la US1, el Tamiami Trail a través de los Everglades, el Causeway a Miami Beach y la hermosa Old Cutler Road, entre otras. Estos avances permitieron que la población del Miami metropolitano creciera cuatro veces su tamaño entre 1915 y 1921, transformando así a una ciudad en pañales a una movida metrópolis.

Entonces, hablemos de Coral Gables. En 1922, Merrick empezó a diseñar detalladamente los 3,000 acres de terreno que heredó de su padre. Se encargó de incluir anchas calles enmarcadas por enormes árboles, puentes delicados y campos de golf urbanos. Se encargó de cada detalle. En su equipo tenía personajes tan brillantes como él, con diferentes trasfondos culturales, entre ellos artistas, arquitectos, paisajistas. Le interesaba mucho el tema de la zonificación, delineando zonas residenciales, comerciales y recreacionales para que hubiera una diferencia clara entre ellas. El estilo general de Coral Gables es muy mediterráneo. Eso no es casualidad, obviamente. En solo tres años, Merrick invirtió $20 millones de dólares construyendo precisamente esas casas de estilo mediterráneo, que complementaban perfectamente bien al legendario Hotel Biltmore (otro día hablamos de él), los clubes y otros edificios de cuya supervisión el propio Merrick estuvo a cargo. Estas casas son hermosas. Bueno, por lo menos a mí me encantan, aunque mi hermano dice que él le gustan las de estilo más moderno. Pues resulta que había muchos como mi hermanito, a los que el estilo de Coral Gables les parecía muy repetitivo, entonces, en un esfuerzo por expandirse creativamente, Merrick decidió incluir pequeñas villas dentro de la comunidad y de esas siete, increíbles villas es que les voy a contar hoy.

En mis andanzas curiosas por la ciudad, había descubierto unas casas de claro estilo chino. ¡Me parecían tan raras! Como la famosa de Tito Rodríguez en Ocean Park en San Juan, Puerto Rico, que mi papá siempre me mostraba con su particular estilo japonés. La verdad, no me explicaba de donde salía ese bloque de casitas chinas en el medio del suroeste de Miami. Casualmente, ayer pasé por ahí. Tomé un par de fotos. Ya sabía de donde habían salido. Pero entonces me di a la tarea de ir personalmente a conocer las siete villas comisionadas por el Señor Merrick. Como comentaba, el señor, que solo debo asumir era muy excéntrico, se rodeó de gente muy educada también. A continuación, los detalles de cada una de las villas, cuyo único propósito fue añadir diversidad a esta comunidad.

Villa China:

La villa china fue diseñada por el arquitecto Henry Killam Murphy, estudioso de la arquitectura oriental. Este grupo de casas están conectadas por una pared común y cuenta con entradas ornamentales muy decoradas, puertas que sugieren un estilo “compound” y fueron construidas entre 1926 y 1927.

Villa Holandesa /sudafricana:

¡Este estilo me encantó! Fue la segunda villa que encontré en mi investigación. Las chinas las veía siempre por casualidad; estas las fui a buscar. Están diseñadas basadas en las granjas (“farm houses”) holandesas que los colonos construyeron a su llegada a Sudáfrica. El arquitecto de esta sección fue Marion Smith Wyeth.

Villa Francesa (Normandía):

Tantas veces que he pasado por allí y no conocía la historia… Construida para imitar un pueblo francés del siglo XV, con entramado de madera, techos de dos aguas y simulando un segundo piso, también fue construida entre 1926 y 1927. Sus arquitectos fueron John y Coulton Skinner.

Florida Pionera:

Esta villa también fue diseñada por John y Coulton Skinner y la firma de John Pierson, y emula las mansiones de Nueva Inglaterra. Su construcción se llevó a cabo entre 1925 y 1926.

Villa Rural francesa:

 

Esta villa está inspirada en la arquitectura rural de la Francia del siglo XVIII y se pueden apreciar dos estilos muy claros. El arquitecto Frank Forster diseñó casas con estilo de granja, mientras que los arquitectos Edgar Albright y Phillip L. Goodwin diseñaron casas con un estilo más rústico.

Ciudad Francesa:

 

El arquitecto Mott B. Schmidt se inspiró en la arquitectura renacentista italiana para esta sección. Las obras del arquitecto Phillip L. Goodwin son de apariencia más rústica, aunque mantienen un estilo formal y son de diseño clásico.

Villa Italiana:

Hay 17 casas inspiradas en las fincas italianas. Los arquitectos Alfred L. Klingbeil, John y Coulton Skinner, R.F. Ware y Robert Law Weed diseñaron esta villa entre 1925 y 1927.

Me di a la tarea de ir a cada una de las singulares partes de la comunidad de Coral Gables y aquí pueden apreciar algunas fotos.  Como dato curioso les puedo contar que una de las cinco casas holandesas estuvo a la venta por primera vez en 75 años, en el 2014. ¿El precio de venta? $2.175 millones, por la casa relativamente pequeña de 5 dormitorios localizada en la Calle San Vicente.

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De igual forma, algunas están deshabitadas y se ve que necesitan trabajo de restauración. Seguramente mis lectores originarios de Miami conocían la historia de las villas de Coral Gables. A mí me pareció una fascinante, de pura vanidad estética, como lo puede ser Miami algunas veces. Muchas de ellas están registradas como patrimonio histórico, así que pienso que don George estaría complacido. Sobre él, les termino la historia. En 1928 se encontraba plagado en deudas y salió de la Comisión de Coral Gables. Se trasladó a Los Cayos, donde construyó su Club Caribee, cerca de Long Key. Regresó a Coral Gables dos años antes de su muerte, que fue en 1942, y regresó como administrador de correos para el condado. Un monstruoso huracán, conocido como el Huracán del Día del Trabajo de 1935, destruyó todo en los Cayos medios, incluyendo su club, el cual nunca fue reconstruido. La verdad, hay que admirar la visión preciosista –y sumamente clasista, del caballero, al diseñar una comunidad que fuera, primordialmente hermosa; Coral Gables lo es. A mi me gusta mirar casas, desde que era una niña e iba con mis papás a ver lucecitas de Navidad a casas muy bonitas. Estas vale la pena verlas. Si te interesa conocer las villas, ¡escríbeme! Te paso las coordenadas. Y si te gustaron las fotos y esta historia de una parte de la arquitectura de Coral Gables, cuéntame en los comentarios. Y no dejes de visitar Coral Gables en tu próxima visita a Miami.

 

 

A visit to Providence, Rhode Island

My friends think I’m a world traveler. And although I may have traveled a little more than some people, I haven’t traveled nearly as much as I would have liked and I have not traveled very much throughout the U.S. But, I’ve been trying to change that!

This year I traveled to New England on business. I welcomed the opportunity since this is one part of the United States where I hadn’t been before. So on a recent visit, I decided to stay a few more days after business was concluded and make a mini-vacay out of it. I would start in Providence, RI and would also visit Boston, MA.

While looking into accommodations, I reviewed Boston-area hotels and Airbnb, but Boston was crazy expensive! I found out from a friend it was family weekend at many of the prestigious colleges and universities in the area (ever heard of Harvard or MIT? Yep!). Airbnb – probably because of the same reason – had few good options at the time. Since it was less expensive, I decided to make Providence my hub and wander out from there to wherever I was going.

One of my best friends from back home was joining me for the weekend (“home” is gorgeous Caribbean island, Puerto Rico), and we chose to stay at the Hilton Garden Inn. I had stayed with Hilton before, but this was my first time at a Garden Inn. During my visit, I grew very fond of Providence. The people are friendly and the city is welcoming. Coming from Miami, I particularly appreciated that everything was so close.

The Hilton Garden Inn is located in India Park Point, in the Fox Point neighborhood in the East Side of Providence, an easy Uber ride to many points of interest. Since I usually write about the history of places, here’s a bit of history on Fox Point and India Point Park. Fox Point retains much of its historical character, with houses dating from the 18th and 19th centuries, and Providence’s first port was built in India Point Park, back in 1680. It became a major trading point in the Atlantic triangular trade of slaves, sugar cane and rum, from New England, the West Indies and West Africa.

This is a waterfront property, which doesn’t necessarily mean you’re going to go swimming in the ocean there, but at the nearby Community Boating Center, you can take advantage of one of the many non-profit, public access sailing programs in the country, that makes sailing affordable and accessible to anyone. If you’re lucky like me, you’ll get a harbor view in your room. In early mornings, you can see people biking, jogging and walking their dogs. The park lies in the confluence of the Seekonk and Providence River—where they widen into Narragansett Bay (yep, just like the very good local beer!). The park is the only broad expanse of bay shoreline in Providence accessible to the public.

The staff was very friendly. They made it pretty seamless to extend my business stay into my personal stay and didn’t make me switch rooms in between. And they even offered an upgrade. (I’m always up for an upgrade!)

I am half Colombian, so good coffee is kind of a big deal. A small pet peeve I have is putting cold milk into my hot coffee (which is what’s available in most buffet-style places). Our breakfast waiter was kind enough to have the milk warmed up in the kitchen for us. I’m sure he gained many brownie points towards heaven with his kind gesture.

So we’re there having our hot coffee, babbling away in “Spanglish,” and anther hotel patron who was also having breakfast came up to say, “Hi, I just marvel at how can go back from English to Spanish so easily!” and went on to tell us her daughter had studied abroad in Lima. See? Friendly people everywhere!

Anyway, during our first night there, we went to eat at a hip little restaurant about five minutes away from the hotel, Milk Money. The decor is sort of rustic-chic and the plates are small tapas-style, meant to be shared.

Turns out Providence has a pretty excellent specialty drinks scene. We visited the dark and cozy Magdalenae Room at the Dean Hotel downtown, which used to be a gentlemen’s club! And also visited The Dorrance, an old bank-turned-bar, where the hipster bartender will scold you for touching anything in the bar, but the drinks are amazing. I definitely recommend a stop here, even if you don’t want to get scolded, just to take a look at the stunning building. And the owner is darling! She brought over a complimentary dessert tray on a second visit I did the same week. Everything was to die for!

Overall, the trip was great – from roaming the pretty streets of Providence to visiting historical Boston. And our stay at the Hilton Garden Inn in Providence was a great option. With complimentary coffee and tea in our room, a great harbor view with a perfectly convenient location, Wi-Fi and free parking and helpful staff, it was a great stay for our money. I think it’s a safe bet they will have me as a guest again. Anyway, I have to go back. I still have to see those fabulous Newport mansions for myself!

And keep in mind, it’s about the journey, not the destination.

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Cayo Hueso, Parte II: La primera piscina de Key West

Hace unos mesesitos no había sacado el tiempo de escribir en este espacio al que le he tomado tanto aprecio.

Tenía pensada una historia de lo más interesante sobre Foley Inn House, un Bed & Breakfast en Savannah, GA donde puedes llevar a tu perro (es pet friendly), pero no puedes llevar a tus hijos (es “couples only”). Tiene un pasado escabroso, tal como a mi me gusta, pero ese cuento lo voy a dejar para un futuro cercano.

En días pasados anduve de guía turística por uno de mis lugares favoritos, el colorido y siempre animado Key West, la última isla habitada de las 1700 que componen el archipiélago de los Cayos de la Florida. La mayoría son muy pequeñas y no todas habitadas; 43 de ellas están conectadas por puentes.

Si visitas Key West, la palabra que más vas a ver usada es “Southermost”. Al ser el punto más meridional en los Estados Unidos continentales, hay una parada obligada en una boya negra y roja que tiene el logo de la República de la Concha (¡espero que no me esté leyendo ningún amigo argentino!) o el Conch Republic, que hace referencia a ese 23 de abril de 1982 en el que Key West se declaró en secesión y fue un país independiente… por un día y que marca el punto donde estás a solo 90 millas de Cuba. La historia de la secesión es una buena para otro día también. Entonces, está el hotel “southernmost”, la casa “southernmost”, el selfie “southernmost”, en fin.  Además de todo lo “southernmost”, hay un nombre que también verás más que cualquier otro en la isla: Ernest Hemingway. El escritor norteamericano más celebrado del Siglo XX hizo de Key West su hogar por casi toda la década de los treinta, mientras estuvo casado con su segunda esposa, Pauline Pfeiffer, antes de irse a vivir a Finca Vigía en San Francisco de Paula en las afueras de La Habana, Cuba, con la tercera Señora Hemingway. Sobre las mujeres en la vida de Ernest podemos hacer una tesis doctoral y esto es una entradita más corta, pero para contar la historia que me solicitaron hoy (¡sí, me pidieron que contara!), hay que dar un leve trasfondo de las tres primeras esposas de Hemingway.

La primera Señora Hemingway fue Hadley Richardson, peliroja y 8 años mayor que él y la única esposa que no fue una mujer profesional (dejó la universidad por asuntos familiares y dejó el piano que le gustaba por considerar que no tenía talento suficiente), pero sí independiente financieramente gracias a varias herencias. Con Hadley se casó en 1921, tuvo un hijo, y fue con ella con quien viajó a Paris y conoció a Gertrude Stein y todos los artistas expatriados de la época (¿vieron Midnight en Paris?). Cuando nació el niño, estaban viviendo en Toronto y él trabajaba como reportero para un periódico local. Pero pronto se cansó de la vida de los suburbios canadienses y quiso regresar a París. Y como uno no sabe las consecuencias que nos van a traer nuestras decisiones en el momento, fue en esa mudanza a vivir a Paris que don Ernest le echó el ojo a la que sería se segunda esposa, Pauline Pfieffer.

Pauline era canceriana, igual que Hemingway, y cualquier canceriano como yo le puede decir que cangrejo con cangrejo no funciona, porque nos matamos con las garritas. Pero cuando uno está ciego enamorado, no ve esas cosas. Periodista de profesión, trabajó para Vogue y Vanity Fair, entre otras, y en un viaje a trabajar para Vogue Paris conoció –y se hizo amiga, de Hadley. Hadley y Ernest tenían ya su vida literata perfectamente estructurada en Europa: vivían en París, despedían el año en España y todos los años viajaban a San Fermín a la corrida de los toros. El tercer año consecutivo que viajaron a Pamplona para el evento, ¿quién creen que los acompañó? Pues la mismísima periodista canceriana. En 1926, Hadley se dio cuenta que la estaban cogiendo de boba en su cara y en enero de 1927 se divorció de Ernest. En mayo del mismo año el caballero se estaba casando con Pauline. Un dato curioso, en estos últimos años de matrimonio con Hadley fue que Hemingway tuvo la idea para su primera novela, “The Sun Also Rises” (“Fiesta” es el nombre de la traducción al español de la novela, otro dato curioso, no es “El sol siempre sale” o “El sol se eleva”), y de hecho, está dedicada a ella y su primogénito; como parte del arreglo del divorcio, le dio las regalías de la novela, que cobró toda la vida e incluyeron las de la película de 1957 protagonizada por Tyrone Powel, Ava Gardner, Errol Flyn y el actor de ascendencia boricua, Mel Ferrer. Unos años más tarde Hadley se casó de nuevo con un tipo que suena de lo más decente, y que a todas luces parece que trató muy bien a su hijo, así que fue karma quien se encargó de la amiga Pauline, de quien se trata nuestra historia de hoy.

La famosa casa de Whitehead Street en Key West fue un regalo de matrimonio de un tío de Pauline y tuvo un costo de $8,000. Aunque la casa necesitaba mucho arreglo, la pareja vio el potencial que tenía, la arreglaron y se instalaron allí. Era una casa lujosísima para la época, con el único sótano en Key West, que ha aguantado el embate de huracanes y un detalle muy especial: era la única casa privada en Key West en tener piscina. Y eso es lo que les voy a contar hoy, la historia de la piscina de los Hemingway, esposa No. 2.

No es una historia muy rara, te la cuentan todos los guías en el recorrido de la casa. En 1938, cuando fue terminada, la piscina tuvo un costo de $20,000, el equivalente a sobre $335,000 hoy día. Un lujo sin precedentes para una residencia en los años treinta, no solo por el precio, sin por el brutal trabajo de cavar el hueco de 24 pies de ancho por 60 pies de largo y 10 pies en la parte más honda, en puro coral como es el terreno de Key West. Fue un absoluto logro arquitectónico. En el espacio donde está la piscina, Ernest tenía un ring de boxeo, donde practicaba con algunos amateurs locales. Aunque se dice que Pauline construyó la piscina como venganza al enterarse que a ella también la habían “coronado”, los historiadores de la casa afirman que fue el mismo Ernest quien encargó la construcción de la piscina, pero al partir a uno de sus viajes a España a cubrir la guerra, dejó a Pauline encargada de supervisar la obra y no es un secreto que se quejaba del costo que seguía subiendo y subiendo. Esta era una pareja que peleaba, por ejemplo, durante la Guerra Civil Española, ella apoyaba a los nacionalistas (era una ferviente católica), y él a los republicanos; ¡ni en eso se ponían de acuerdo! Se dice que en una acalorada discusión sobre los costos excesivos de la construcción, Hemingway le dijo que ya que le había quitado casi hasta su último centavo, que ya de una vez, se quedara con el último. Se sacó un centavo del bolsillo y lo tiró furioso al piso. Con el cemento fresco de la construcción de la terraza de la piscina, el centavo quedó allí. Lo puedes ver en el cemento incrustado al lado de una las columnas cercanas a la piscina, frente a lo que ahora es el gift shop del museo, cubierto ahora para preservarlo. Esa es la historia de la primera piscina de Key West. Aunque supuestamente, Pauline no la mandó a construir en venganza, no me parece tan casual que fue precisamente en 1937 cuando Hemingway empezó un romance con la que sería su tercera esposa, la corresponsal de guerra Martha Gellhorn. Pauline y Ernest se divorciaron en 1940. Se casó con Gellhorn 3 semanas después… ¡Igualito que Marc Anthony con Dayanara y JLo!

Pauline y Ernest criaron a sus dos hijos en esa casa, Patrick y Gregory y fue allí donde un capitán de barco le regaló su primer gato “polidáctil”, Snowball, de quien descienden todos los gatitos que habitan ahora la casa. Ella vivió en Key West hasta su muerte en 1951 a los 56 años. Hacía fiestas en la casa y bromeaba que se quedó hasta con su último centavo. Ernest entonces vivió con Gellhorn en Finca Vigía en Cuba.

Como decía, esta casa es uno de mis lugares favoritos del mundo, y aunque en mi humilde opinión, las joyas de la casa son la habitación principal, donde aún está la cama del escritor (y donde duermen los gatos) y el estudio, donde escribió obras cumbres como “To Have And Have Not”, “For Whom the Bells Toll” y “The Snows of Kilimanjaro”, la historia de la piscina siempre le saca carcajadas a los turistas que hacen el recorrido.

*Si quieres saber más sobre la relación del escritor con Gellhorn, puedes ver la película del 2012, “Hemingway & Gellhorn”, protagonizada por el guapote Clive Owen y por Nicole Kidman.  Si te gustaría conocer la casa –y la piscina, se encuentra en el 907 de la Calle Whitehead y está abierta los 365 días del año de 9am a 5pm. El costo de adultos es de $14. Se alquila para eventos, como bodas, pero la verdad, ¿quisieras casarte en la casa de un hombre que se casó 4 veces?

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Ernest y Pauline en la piscina
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Ernest y Pauline
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El estudio
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Busto del escritor en Mallory Square

¡El Caribe Crece!

En días recientes, fui invitada a la rueda de prensa que ofreció la aerolínea Pawa Dominicana en Miami. Pawa Dominicana marca un nuevo hito en la aviación civil del Caribe al realizar el primer vuelo regular de una línea aérea dominicana a Estados Unidos en más de 20 años, con la llegada el próximo 16 de noviembre de 2016 de su primer avión a la ciudad de Miami desde Santo Domingo. La aerolínea estará conectando de manera directa a la capital dominicana con el sur de la Florida con dos vuelos diarios, cubriendo todos los días de la semana. Además, los itinerarios de la línea aérea permiten conexiones rápidas a destinos como Curazao, St. Maarten, Antigua, Puerto Príncipe, Aruba, Puerto Rico y La Habana.

“En el caso de Cuba, que es un destino atractivo para los residentes en Miami, dada la gran comunidad cubana que tiene asentamiento en esta ciudad, Pawa ofrece una oportunidad única de explorar un multi-destino Santo Domingo-La Habana y visitar las dos islas más atractivas para los turistas en un mismo viaje”, destacó el presidente del Consejo de Administración de Pawa Dominicana, Luis Ramírez.

En la conferencia de prensa también estuvo presente la directora de la Oficina de Turismo de República Dominicana en Miami, Wendy Justo, para quien “esto es una buena noticia para todos, especialmente para los dominicanos que verán en Pawa Dominicana una nueva alternativa para viajar entre los Estados Unidos y Santo Domingo, y evidentemente para quienes deseen explorar nuestra capital dominicana, tanto para conocer las bellezas turísticas que caracterizan a nuestra isla en el mundo entero como para quienes buscan un centro de conexiones a cualquier otro destino del Caribe. Estamos seguros de que contar con esta nueva aerolínea nacional, con vuelos a Miami, nos ayudará a alcanzar la meta de los 10 millones de turistas en los próximos años”.

Por su parte el Country Manager de la empresa en Estados Unidos, Daniel Castillo, aseguró que “Pawa ofrece una experiencia diferente, basada en la humanización del servicio, mediante la oferta de atenciones oportunas con la calidez que caracteriza a los dominicanos, la más amplia variedad de canales de ventas de boletos y la mejor atención a pasajeros, tanto a bordo como en los servicios en tierra, así como un índice de puntualidad que en promedio ha superado el 93%, a lo largo del primer año de operaciones que recién cumplimos en el mes de agosto”, expresó Castillo.

La directora de la Oficina de Turismo de República Dominicana en Estados Unidos agregó que Miami es uno de los destinos de mayor flujo de pasajeros desde y hacia Santo Domingo, por lo que la apertura de esta ruta era una de las más esperadas por los viajeros. Entre las ventajas diferenciales del servicio de Pawa destacan la franquicia de equipaje, que permitirá a los pasajeros portar una maleta de hasta 50 lbs. y un equipaje de mano de hasta 22 lbs., al igual que comida caliente y servicio de bar abierto.

El itinerario de vuelos de la ruta Santo Domingo-Miami incluye dos vuelos desde el Aeropuerto Internacional de las Américas a las 10:00 de la mañana y a las 6:15 de la tarde, y desde el Aeropuerto Internacional de Miami a las 5:15 de la mañana y a las 2:30 de la tarde. El próximo destino en el plan de expansión de la línea aérea es la ciudad de Nueva York, además de la inclusión de una nueva oferta de vuelos directos a San Juan, Puerto Rico, desde Punta Cana. Pawa Dominicana es una aerolínea de bandera dominicana y busca posicionar a Santo Domingo como el centro de Latinoamérica para los viajes al Caribe.

Pawa Dominicana inició sus operaciones en el mes de agosto de 2015, y que ha contado hasta el momento con una inversión de más de 53 millones de dólares, un total de 298 empleados directos, con una proyección de más de 116 mil pasajeros transportados para finales de 2016. Para más información sobre Pawa Dominicana y su nueva ruta, visite PawaDominicana.com

La Historia de Emma

Coconut Grove es un barrio de grandes contrastes. Por un lado tienes unas casas hermosas, con patios de una vegetación como se ve poca por estos lados, y a pocas cuadras tienes edificios hacinados, pobres, de “slumlords” y prácticamente olvidados por el gobierno. Coconut Grove es el barrio más antiguo de Miami, habitado de manera continua desde finales del siglo XIX, cuando llegaron los primeros colonos a estas tierras. Muchos años antes de vivir aquí en Miami, venía con frecuencia a visitar a mi hermano, y mi hermano siempre me traía. A mi me encantaba su vibra bohemia, de tienditas de curiosidades que no conseguía en Puerto Rico, y de cafesitos y galerías. Por esa época, este era el sitio “in” de Miami; aquí estaba el Planet Hollywood y aquí me pedían ID para entrar a todos lados (en Puerto Rico jamás me pidieron un ID). La verdad, nunca imaginé que casi 30 años después, me tocaría venir todos los días a mi querido barrio de Coconut Grove, ya no de rumba, sino a trabajar. Los que me leen con frecuencia saben que mi crítica eterna con la ciudad es que en mi percepción, cuida poco su historia. Trabajo en Commodore Street, a una escasa cuadra del Barnacle Society.

Commodore Ralph Munroe, un diseñador de embarcaciones de Long Island y su familia fueron los primeros residentes conocidos que se establecieron en esta zona de la Bahía de Biscayne, en lo que hoy se conoce como el Barnacle State Park. Cuenta con una senda de naturaleza, donde puedes ver flora y fauna de la zona, una vista espectacular de la bahía y donde aún está la casa de los Munroe. Puedo caminar por allí en las tardes e imaginarme un rato como sería la vida en la Miami de mediados de siglo, cómo sería la vegetación, la cantidad de insectos y lo exótico, aventurero y excitante de ser parte de la creación de una nueva frontera de un país lleno de posibilidades.

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El nombre de Coconut Grove viene de… ¡palmas de coco! Algunos de los primeros colonos de la zona llegaron provenientes de Las Bahamas en búsqueda de lo mismo que acabo de describir. Si vives aquí en Miami o eres un visitante frecuente, sabes que este barrio está lleno de pavos reales. Realengos. Por las calles. Los ves en los patios de casas y trepados en carros muy caros. Hay un “Peacock Park”; bueno un “peacock” todo! (peacock = pavo real). Lo curioso es el juego de palabras. Porque tantas cosas importantes con el nombre ‘real’ no viene de los pavos, sino un inglés que se vio cautivado por la zona e hizo su hogar aquí con su esposa: Jack e Isabella Peacock. A finales de la década de 1870, Jack convenció a su hermano de dejar Inglaterra y venir a buscar fortuna al sureste de la Florida. Al mismo tiempo, Ralph Munroe vino a Miami. Aquí hizo amistad con los Peacock y muchas otras familias y en 1882 se trajo a su esposa, enferma de tuberculosis, a vivir al área, confiado en que el clima cálido la ayudaría a recuperarse. Pero a pesar de los cuidados de Isabella Peacock, Eva Munroe murió. Sin embargo, la amistad de Munroe con los Peacock se estrechó y fue él quien le propuso a Jack que abrieran un hotel. El Bay View Inn en Evangelist Street fue el primer hotel del área. Al tiempo se convirtió en el histórico Peacock Inn, que a su vez se convirtió en el centro de actividad social del barrio. Desde esa época, los visitantes a la zona eran bohemios, excéntricos, artísticos y ese aire se mantuvo siempre. Muchos de esos visitantes, cautivados por la exuberante atmósfera de Coconut Grove, decidieron construir sus casas aquí. Casas hermosas. En 1887, Isabella Peacock comenzó a dar clases de catecismo en una estructura que fue construida específicamente para ese propósito. En 1889, esa misma estructura se convirtió en la primera escuela pública del condado. Y aquí se encuentra todavía, en el Plymouth Congregational Church –la primera iglesia donde blancos y negros adoraron juntos, al menos por un tiempo. Por allí me llevaba mi sobrino a veces por las noches, cuando venía yo de visita, porque la verdad es que por alguna razón, esa iglesia de piedra al estilo de los antiguos monasterios españoles de México, te da un “creepy feeling”. Hace poco estuve allí tomando unas fotos, ¡y allí me encontré la cantidad de pavos reales!

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No se sabe a ciencia cierta el origen de los pavos reales de Coconut Grove. Se dice que por la década de los ochentas, alguien dejó sueltos a unos que tenían de mascota, y se regaron. Hay comida de mascotas en las casas y les gusta el clima. Los pavos reales son originarios de la India. Es una escena curiosa, bajar la velocidad para dejar pasar pavos reales por calles residenciales. Supongo que habrá gente que les molesta, especialmente si se suben al techo de tu Porshe a picotearlo. Son grandes e imponentes y aunque algunos los defienden, a muchos les gustaría salir de ellos. Pero la realidad es que Miami es un santuario de aves, así que aquí están protegidos. Si caminas por este barrio, verás esculturas de pavos reales, igual que ves esculturas muy coloridas y variadas de gallos por La Pequeña Habana. Estas esculturas de fiberglass y de 5 pies por 5 pies son parte del proyecto “The Peacock Tour”, que tuvo inicio en abril del 2010. Varios negocios locales auspiciaron a artistas para realizar las esculturas que ya son parte de la arquitectura del Grove.

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Se preguntarán, ¿qué tiene que ver todo esto con Emma? Ya estoy llegando a eso. Les comentaba que algunos de los primeros colonos fueron bahameños. La mayoría fueron empleados del Peacock Inn o del Comodoro Ralph Munroe. Así formaron una comunidad vibrante con una cultura muy rica y única, cuyo corazón era Evangelist Street, lo que es ahora Charles Avenue y que queda a dos cuadras de mi oficina. Al final de Charles Avenue está el antiguo cementerio bahameño, Charlotte Jane Memorial Park Cemetery, donde están los restos de muchos de esos primeros colonos que ayudaron a hacer de esta ciudad lo que es hoy día. Casi todas las tardes salgo por Charles Avenue en ruta a mi casa. He ido varias veces a ese cementerio, casualmente, a tomarle fotos a los pavos. El lunes salía a recoger a mi hijo al colegio. Les hablaba de los contrates de este barrio… un señor de apariencia muy humilde me hizo señas de que parara. Bajé la velocidad al ver pasar frente a mi carro lo que en el momento pensé que era una ardilla. El señor estaba defendiendo a un gatito microscópico de unos pavos reales. Me paro. Y me dice “Los pavos lo van a matar y yo no lo puedo alimentar, por favor ayúdeme”. ¿Ese señor me conocía? Imposible dejarla allí. Así que esta entrada de Los Viajes de Ginés va dedicada en especial a los amigos que me han preguntado: “¿De dónde salió ese gatito?”. Es una Coconut Grove “pure breed”, que fue salvada de los pavos del barrio, justo al frente de donde descansan los primeros colonos de este pintoresco lugar.

Las Brujas de Salem

El Dalai Lama dijo alguna vez, “una vez al año, ve a un lugar que nunca hayas ido”. Entonces en días recientes, que tenía un viaje de trabajo a Rhode Island, me dispuse a seguir el consejo del sabio monje tibetano y planeé una visita a Boston, Massachusetts. Boston fue el lugar donde nació la revolución por la independencia de los Estados Unidos. Es una ciudad-ciudad, linda, cosmopolita, con historia que puedes recorrer por un sendero marcado por ladrillos rojos, conocido como el Sendero de la Libertad (Liberty Trail), y lo puedes hacer tú mismo o guiado por Benjamin Franklin y acompañado por las ardillas más amistosas que he conocido, las del parque Boston Common. Es la capital de Massachusetts, el centro financiero, comercial y político de Nueva Inglaterra, además de contar con algunas de las instituciones educativas más prestigiosas del mundo: Harvard y MIT, entre otras. Puedes recorrer desde historia “pop” como la famosa barra de Cheers en Beacon Hill, hasta barrios históricos que albergaron a los primeros patriotas estadounidenses y que recibieron generaciones de inmigrantes. Puedes dar vueltas por horas y horas para encontrar estacionamiento en el North End, el “Little Italy” bostoniano, donde verás filas de cuadras para comprar cannolis y edificios con letreros en italiano. Pasarás por la sede corporativa de compañías como Tripadvisor y Converse y puedes recorrer el también histórico Río Charles. Y no todos tienen la suerte que tuve yo, de estar en la ciudad justo el día del retiro de Major League Baseball del dominicano David Américo Ortiz Arias, el mismísimo Big Papi, y vi una ciudad forrada de orgullo por los logros de su hijo adoptivo, vitrinas, billboards, camisetas, todos leyendo #ThanksPapi.

Pero de seguro todas esas cosas las puedes encontrar en cualquier guía de la ciudad. Y de eso no se trata este espacio. Como siempre, uno piensa que va por una cosa y lo que termina llamando tu atención no tiene nada que ver con lo que saliste a buscar. Bien dijo John Lennon en una canción, “la vida es lo que sucede cuando estás ocupado haciendo otros planes”. Para esta corta aventura por New England, recluté la compañía de una de mis mejores amigas, de esas hermanas que la vida te regala cuando menos te lo esperas. Ella tampoco conocía estos lados del país y parece confiar ciegamente en todas mis recomendaciones, cosa que agradezco pero también te da cierta presión de “ay dioj mio, espero que veamos cosas chéveres”. Terminamos alquilando un auto, aunque ella fue muy clara: yo me tenía que encargar de manejar. Ella se encargaría de la música. No tengo ningún problema con esto, porque si algo he descubierto en estos 4 años que llevo viviendo en Estados Unidos, es que me gustan los roadtrips. Y lo mejor que tienen los roadtrips es los lugares inesperados que encuentras en el camino. Además, como buena canceriana, me gusta ser buena anfitriona aunque no esté en mi ciudad. Habíamos pensado hacer una visita a Newport, Rhode Island. Pero terminamos madrugando a una ciudad que a mi me interesaba conocer desde hace tiempo: Salem, MA. La mismísima Salem de los juicios de las brujas, que ha inspirado películas, series y obras de teatro. Hay lugares que tiene una magia innata. Salem es uno de esos lugares.

Salem está en la costa noreste del estado, en el Río Naumkeag, y es notoria por la infame cacería de brujas que tuvo lugar a finales del siglo XVII. Imagino que casi todos conocen esa triste historia: un médico local diagnosticó a varias adolescentes de estar “hechizadas”. ¿El resultado? 19 personas murieron colgadas y otro, literalmente, aplastado por piedras. Pero demos un poco más de trasfondo; Salem fue fundada por Puritanos. Los puritanos eran un grupo de ingleses protestantes reformados que buscaban “purificar” la Iglesia de Inglaterra de prácticas católicas. Y aunque llegaron a lo que luego se convertiría en Estados Unidos huyendo de persecución religiosa, estos señores eran muy poco tolerantes. Vivían una vida que a todas luces, debe haber sido aburridísima. Pero la histeria colectiva que desataron las niñas aburridas que empezaron a acusar a medio pueblo de “brujos” fue demasiado lejos. Ese “puritanismo” hizo que encarcelaran injustamente a muchas personas, algunas murieron en la cárcel, a algunas las colgaron en plaza pública, como era la usanza de la época. La histeria duró casi un año y al tiempo se emitió un edicto ordenando liberar a todas las personas encarceladas por supuesta brujería. Aunque desde ese entonces nadie más ha sido colgado (o condenado) por brujería en Estados Unidos, para muchas familias, el daño ya estaba hecho. No se si he comentado antes por este medio que mi hijo es muy fanático del programa de Travel Channel, Ghost Adventures (piensa que Zak Bagans es un rockstar, aunque su padre se encarga de recordarle que nunca en los episodios pasa nada interesante), y la gente piensa que soy yo la que he enseñado el interés por estos temas sobrenaturales; pero la realidad es que le gustaba ver Scooby-Doo desde que era prácticamente un bebé. Pues los chicos de Ghost Adventures obtuvieron permiso de realizar una de sus investigaciones en el Witch House (si a alguien le interesa verlo, es el episodio 19 de la 4ta temporada). El “Witch House” o la Casa Corwin es la última estructura que se mantiene en pie que está directamente relacionada a los juicios de la brujas de 1692. Fue la casa del Juez Jonathan Corwin (1640-1718) y se cree que fue construida entre 1620 y 1642. El juez la compró en 1675 y vivió allí por más de 40 años. De hecho, sus restos están en un cementerio cercano, Broad Street Cemetery. La casa se mantuvo en la familia Corwin hasta mediados del siglo XIX. Cuando hablan de Salem, le dicen “la ciudad de las brujas”. Yo la verdad no sabía que esperar, pero lo que encontramos fue una ciudad pintoresca , amable y muy divertida. Caminamos por Essex Street, que es una de las calles principales del distrito histórico. Nos retratamos en la estatua de “Samantha” del programa Bewitched. Allí vimos a un Frankestein caminando como si nada, vimos perritos vestidos con una gran variedad de atuendos (resultó que había un desfile de perros ese día) y esa estructura negra en el número 310 de la Calle Essex. La verdad es que choca con la simpatía del resto de la calle. Porque aunque Salem tiene un pasado muy pesado, y por eso es favorita de estudiosos paranormales (mucha gente murió y fue perseguida de manera injusta por esas mismas calles que caminamos nosotras más de 300 años más tarde), es una ciudad alegre. No teníamos mucho tiempo para recorrer porque ambas teníamos que coger vuelos a casa esa tarde, y ya como guía de esta excursión había decidido (sin consultar) que visitaríamos el Museo de las Brujas de Salem, así que no entramos a la Casa Corwin. Pero ese color negro, esa estructura, definitivamente tiene una energía particular. El Juez Corwin fue llamado a investigar actividad demoniaca en el “boom” de la cacería de brujas. Bajo su mandato, 19 personas fueron condenadas. Ninguna admitió practicar brujería y hasta el final proclamaron su inocencia. La casa es un excelente ejemplo de la arquitectura del siglo XVII de Nueva Inglaterra y contrario a lo que se dice, en la casa no se llevaron a cabo ni interrogatorios ni ninguna parte de los juicios. La casa es un museo operado por la ciudad de Salem. Seguimos nuestro camino hacía el Museo de las Brujas. Es un edificio café, imponente a pesar de no ser muy grande. Está localizado en el medio de Washington Square. La exposición es basada en documentos reales de los juicios. La realidad es que después de haber visitado museos de clase mundial como el MET de Nueva York, el Louvre de Paris, el Museo de Antropología en Cuidad México, entre otros y de ver atracciones como las de Universal Studios, este museo es totalmente “passé”. La exhibición principal consta de maniquíes que representan escenas de la vida en Salem a finales de los 1600’s con una narración grabada, y escenas de los juicios y la cárcel. Pero como comentaba, está basada en transcripciones de los juicios. La segunda parte del museo (después que te hacen pasar como 20 veces por el Gift Shop) es sobre la percepción de las “brujas” en tiempos contemporáneos. Esto nos llamó la atención, casi terminando el recorrido: una placa en la pared lee que en 1999, la ley #678 de la Casa de Representantes de Massachusetts, que limpiaba de una vez por todas los seis nombres restantes de las víctimas de los juicios de brujas, aún permanecía en el comité judiciario esperando ser aprobada. Más de 300 años después.

Aunque Salem conoce perfectamente la injusticia de su pasado, ¡la verdad es que le sacan el jugo para el turista! Hay visitas guiadas, “walking tours”, “ghost tours”, hay museos (al final les doy una listita). Sin embargo, lo que más encantador encontramos de la ciudad fue recorrer sus tienditas, donde encontraras el típico souvenir de camisetas y llaveros, pero también encontraras quien te lea las cartas o la mano. Puedes comprar velas para hacer que una relación se rompa (¡la tuya o la de alguien más!), o si algun marchante se ha portado mal contigo, puedes comprar una vela que haga que el “amigo” no le funcione (¡por módicos $12.99!). Te puedes encontrar a Michael Meyers en la calle, verás gente vestida de la época dando visitas guiadas, te encuentras altares a los muertos, famosos y cotidianos, de hace años y de hace poco. Verás arquitectura de estilo gregoriano, federal americano. Aquí nació Nathaniel Hawthrone, el mismo que escribió la famosa novela –que yo encontré aburridísima cuando la tuve que leer en décimo grado, “The Scarlet Letter”. Y es la ciudad que inspiró a Arthur Miller, ese que fue esposo de Marilyn Monroe, a escribir una de sus obras más famosas, “The Crucible” (que luego fue llevada al cine con Wynona Ryder y Daniel Day-Lewis).

Llegué a New England pensando en los Kennedy y en Harvard. Salí encantada  con una pequeña ciudad costera a la cual estoy segura que volveré. Por esos días leí esto:

“Mi niña, la palabra “bruja” define a un tipo de mujer sabia, independiente, fuerte. Por siglos, las brujas fueron las mujeres que ayudaban a nacer a los niños, a curar a los enfermos, a consolar el dolor. Sabían escribir y leer, cantaban las canciones del pueblo, conservaban sus memorias. Ser bruja es un privilegio de espíritus libres, de corazones osados y sobre todo, de crecimiento espiritual pero en una dirección distinta a la que la Iglesia comprende. A la bruja se le ve como algo remoto, lejano. De otro tiempo. Pero la bruja no tiene edad ni tampoco una época, los espíritus fuertes trascienden esas ideas. La búsqueda de conocimiento siempre es la misma, a pesar de que transites caminos distintos a los habituales, a los evidentes. Y una bruja lo hace, sea con el conocimiento de las hierbas o caminando por una ciudad moderna. Es el poder de la imaginación.”

Cosas para hacer en Salem:

  • The Salem Witch Trials Memorial – es un lugar de reflección y respeto; un tributo a las víctimas
  • The House of the Seven Gable –inspiró la novela del mismo nombre de Nathaniel Hawthrone; también conocida como la Mansión Turner-Ingersoll, es un museo con visitas guiadas
  • Salem Ferry – funciona de mayo a octubre y ofrece viajes desde Boston (y hacia Boston); el viaje de adulto ida y vuelta es $45; un solo viaje, $25
  • Statue of Elizabeth Montgomery – la de “Bewitched” (¿quien de chiquita no trató de mover la nariz como Samantha?); hubo su chisme: esto fue una iniciativa del canal TV Land pero hubo gente que se opuso, alegando que minimizaba el sufrimiento de las víctimas de los juicios
  • The Witch House / Corwin House – la casa del juez que les contaba aquí; la ultima estructura en pie directamente relacionada a los juicios
  • Peabody Essex Museum – arte y cultura de New England; parte del East India Marine Society, localizado en Essex Street
  • Salem Witch Museum – el que les contaba, la exhibición es basada en los juicios, entrada de adultos es $11; calcula 1 hora para esta visita
  • Salem Witch Village – esto es lo divertido de Salem, las casa embrujadas, las tiendas, los monstruos caminando por la calle
  • Phillips House – mansión histórica de New England, $8 para adultos
  • Witch Dungeon Museum – hacen actuaciones de los juicios; museos “primos”, New England Pirate Museum y Witch History Museum

La Puerta Falsa

 

Irónicamente, entre los viajes de este verano, tenía un poquito abandonadas mis historias para #losviajesdeginés. Hice un viaje a Colombia como no lo hacía desde que era una niña que mandaban de vacaciones a casa de la tía: casi un mes y paseando por cuatro departamentos (Cundinamarca, Valle del Cauca, Quindío y el Cauca); en cada parada pensaba que historia podía sacar. De hecho, luego de visitar el Museo del Milagroso en Buga, escribí una muy breve sobre El Señor de los Milagros de Buga y los milagros que se le atribuyeron por allá por los años 1600 y como luego se fundó la ahora famosa Basílica que es motivo de peregrinación a la llamada “Ciudad Señora”. 

Pero hoy decidí contarles de un emblemático lugar en una de mis zonas favoritas del centro de Bogotá, el barrio de La Candelaria (los que me siguen en Instagram habrán visto mis interminables fotos del antiguo barrio; podría estar días enteros perdida entre sus callecitas). De hecho, La Candelaria es uno de mis lugares favoritos en el mundo. Frente a una de las puertas laterales de la Catedral de Bogotá, la Catedral Primada Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepcion de María , bajando por la Carrera 6ta, se encuentra un pequeño restaurante que este año 2016 celebra 200 años de fundado, La Puerta Falsa. Habría pasado muchísimas veces frente a esa fachada, pero fui por primera vez con mi prima María Cristina, que es “rola” de pura cepa y también es fanatica de La Candelaria, y además con su cariño de siempre, aprovecha mis visitas para llevarme a pasear por esos lados que ya mis tías no me pueden acompañar, una porque ya no está con nosotros y la otra, mi tía Stella, que tanto me acompañó a caminar esas calles y tanto me inculcó el amor por ellas y sus historias legendarias, ya le cuesta caminar tanto (por allí está la ventanita por donde saltó el Libertador, Simón Bolívar, está la casa de su amada Manuelita y cuando era yo apenas una niña, hacía que mi tía me contara una y otra vez las mismas historias que ya me sabía de memoria y me imaginaba las grandes hazañas que habían pasado por esas mismas calles que andaba ahora yo).

En Colombia se acostumbra a tomar “onces”. Pensaría uno que es una merienda de media mañana como su nombre indicaría, pero no; se toman onces a eso de las 4 de la tarde (la merienda de la mañana son “medias nueves”). Entonces siempre me causaba curiosidad de dónde venía ese nombre de “onces”. Pues en este viaje tuve la respuesta. Por la época de La Nueva Granada, la sociedad “cachaca” iba a misa a la Catedral, pero esas misas eran larguísimas y los señores piadosos de la capital se aburrirán. ¿Saben cuántas letras hay en la palabra “aguardiente”? A g u a r d i e n t e. Once. Entonces decían “vamos a tomar onces” en clave, para salirse por la puerta lateral de la Catedral y se iban al lado a tomar aguardiente. ¡Tan listos esos cachacos! 

Lo que se dice en esas legendarias historias de La Candelaria es que La Puerta Falsa fue un desafío que nació de una pelea entre una mujer y el párroco de la Catedral Primada, hace 200 años.  Desde ese entonces, han sido siete generaciones de una misma familia las que guardan la receta de los tamales más famosos de Bogotá, del chocolate más santafereño (que se hace en agua no en leche), del aguadepanela, de la changua y de los dulces más tradicionales de la capital, justo frente al templo y justo al lado de la Casa del Florero de Llorente (esa historia de ese florero se las cuento otro dia).

 El 16 de julio se celebra la fiesta de la Virgen del Carmen, la misma que sacan en procesión por la Bahía de San Juan desde Cataño y también por la Bahía de Cartagena, entre otras. Hace dos siglos, en 1816, se preparaba la fiesta y como aún se hace en algunos pueblos de Colombia, la Iglesia llamaba a todos a ayudar con las velas, los escapularios, los adornos y los atuendos de la celebración.  Los sabores de La Puerta Falsa hicieron parte de esas celebraciones, pero retando al Sacristán de la Catedral, quien se disgustó cuando una mujer invitó a algunos miembros de la comunidad a un refrigerio. A ella le habían asignado una tarea de menor relevancia; nadie recuerda cuál fue, pero con seguridad no fue la costura del nuevo vestido para el desfile de la Virgen. Así que quiso sentirse útil y compartió una merienda con los que pudo. Cuenta el octogenario dueño del restaurante, el primero en heredarlo, que el párroco se enfureció porque no le habían informado del refrigerio (¿serían onces?) y le dijo que tenía que haber para todos.  Ofendida por el reclamo del párroco, la señora cuyo nombre ha sido olvidado con el tiempo y con la muerte,  convenció a su marido de vivir más cerca de la iglesia y abrir un local, no solo por rebelde, sino porque vio una oportunidad de negocio: los fieles salían con hambre (poco se imaginaría que también se aburrían en medio de la misa).  El lugar, que fue parte de una casa construida en los años 1600 y que pasó a una comunidad de monjas, fue adquirido por el tatarabuelo, pues en esa época no se reconocía la propiedad a las mujeres.

Así, el negocio nació el 16 de julio de 1816. ¡Canceriano como yo! Se inauguró el mismo día de las fiestas de la Virgen del Carmen. ¡Bien claro el desafío al curita!

Hubo un fuego en 2002 donde se perdieron fotografías y manuscritos que relataban más detalles sobre su historia, pero al menos se sabe el origen del nombre. La Puerta Falsa era un zaguán convertido en “aguapanelería”. Se comunicaba con el resto de la casa, pero taparon el acceso. Aunque la pared que cubre la puerta es blanca, los dueños actuales le hicieron una pequeña gruta a la Virgen del Carmen para exponer las rocas negras y el viejo dintel de madera (mi foto de la gruta está un poco borrosita).  El negocio no tenía letrero en ese entonces y como les comentaba, queda frente a la puerta lateral de la iglesia. En la arquitectura religiosa ese acceso se llama ‘puerta falsa’ (¿les he contado que me gusta visitar iglesias?).  Los encuentros marcados “en la aguapanelería de la puerta falsa” le dio entonces su nombre al pequeño restaurante.

En estos 200 años, La Puerta Falsa ha sido testigo de guerras, protestas y tragedias. Por ejemplo, el 20 de mayo de 1900 se dio el incendio de la calle 10 en la sombrerería alemana. Consumió las galerías de Arrubla y el hoy palacio de Liévano, donde el acta de fundación de Bogotá quedó en cenizas, según escribió el arquitecto Alberto Corradine Angulo en la revista ‘Credencial’.  En una época, La Puerta Falsa funcionaba 24 horas para atender al personal de las rotativas de los principales diarios del país, La República, El Tiempo y El Espectador. Dicen que cuando estalló el “Bogotazo”, ese fatídico 9 de abril de 1948, los dueños no se dieron cuenta de que la puerta se había descuadrado, no pudieron cerrarla así que les tocó quedarse para cuidar el local.  Tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el párroco le dio a la dueña algunos ornamentos sacros para que no se los robaran los saqueadores que acabaron con la ciudad y al día siguiente sacaron la comida y alimentaron a la gente que se refugió en el templo toda la noche. También fue testigo silencioso de la sangrienta toma del Palacio de Justicia, en 1985. 

Estuve almorzando en La Puerta Falsa apenas un mes antes de ese 200 aniversario con mi prima Cristina, y me comí un típico tamal santafereño, con agua de panela, mi prima con chocolate, y queso con almojabana. Le tomé foto a la gruta de la Virgen antes de conocer bien la historia que les acabo de contar. Nos sentamos arriba, donde es más acogedor y se escapa uno un ratito del frío de la calle, y donde ahora al pagar se escuchan clientes dando las gracias en cualquier idioma, porque aunque La Puerta Falsa está lejos de ser un “tourist trap”, sus visitantes hoy en día vienen de todas partes del mundo. Ya tengo ganas de volver a sentarme a “echar carreta” con mi prima un rato en esas mesitas de madera. 

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Mezzanine de La Puerta Falsa

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Gruta de la Virgen del Carmen

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Tamales tipicos con agua de panela y chocolate

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Puerta falsa d la Catedral Primada
 

 

Señor de los Milagros de Buga

Hoy hice una visita que no hacía desde que tenía como 12 años que vine con mis tías Stella y Beatriz, la Basílica del Señor de los Milagros de Buga. Lugar de peregrinación de fama mundial donde el fenómeno de la fe se ve y se siente así no seas católico. Mi familia tiene especial parcialidad hacia el morenito Milagroso, y su historia es la siguiente:Una indígena estaba lavando ropa en el Río Guadalajara para poder comprar un nuevo cristo, el cual pagaría con los jornales. Un día, al ver que un vecino iba a la cárcel por una deuda que no había podido pagar, decidió cubrir la deuda del hombre para que lo dejaran en libertad; en otra ocasión, en el río que la indígena visitaba haciendo su labor, vio un objeto brillante que bajaba por el río. Era un crucifijo el cual llevó a su casa y que puso en medio de las aguas en un altar y al día siguiente cuando se despertó describió que la figura había aumentado hasta llegar al tamaño actual (1,3 metros, sin la cruz).

El Santo Cristo empezó a llamarse “Señor de los Milagros” a raíz de un curioso (milagroso?) episodio que se dio en 1605. Empezaron a surgir muchos rumores de que la imagen tenía algo que ver con brujería y la diócesis ordenó que se quemara. A mitad de proceso, la imagen se puso a sudar copiosamente, sudor que fue recogido por la gente en copos de algodón, que logró sanar males; de inmediato el Cristo fue bajado del fuego. En 1884 cuando los misioneros Redentoristas llegaron a Buga, Valle para hacerse cargo de la Ermita y del culto que allí se celebraba, era vox populi la narración sobre el hallazgo en las aguas del Río Guadalajara, entonces fue adecuada una Ermita. Un terremoto la destruyó y luego de esto, fue llevado hasta Buga en donde hoy en día hace parte de la Basílica de Buga.

Drake’s Seat

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En esta semana dedicada al Caribe en #losviajesdeGinés, es imposible no pensar en las hermosas Islas Vírgenes norteamericanas. Siempre me pareció raro pensar que son “U.S.V.I.”, o sea, que son territorio norteamericano, porque la verdad es que cuando estás allí, lo menos que parece es que estuvieras en Estados Unidos.  Una brevísima historia: a las Islas Vírgenes las vio Colón en su segundo viaje a América, en 1493. Su nombre se lo puso el propio Colón en honor a la fiesta de Santa Úrsula y las once mil vírgenes que fueron sacrificadas con ella (nombre original, “Once Mil Vírgenes”), ya que las divisó en fecha cercana a la fiesta de la Santa católica. Hoy recordaba propiamente una parada obligada al visitar St. Thomas: Drake’s Seat (el asiento de Drake). Mi papá me llevó por primera vez, por allá para finales de los divertidos años ochenta (tal vez ya me había llevado antes, pero esa es la primera vez que recuerdo). Drake era Sir Frances Drake (c. 1540 -1596),  legendario corsario inglés, asignado por la Reina Isabel I al nuevo territorio. Su cometido principal fue obstruir el monopolio comercial español que gobernó el Atlántico y las rutas del Pacífico en la época. Saqueaba barcos españoles y eso le valió la reputación de pirata y el apodo de “El Dragón”. Después de un viaje dándole la vuelta al mundo que duró tres años, regresó a Inglaterra con un botín suficientemente rico para pagar la deuda nacional inglesa y la reina lo nombró caballero a bordo de su barco, el Golden Hind.
Con impresionantes vistas de la cristalina bahía de Magens (Magen’s Bay) se asienta sobre una colina y cuando se está sentado en el banco, se puede ver en la distancia Hans Lollick, Lil Tobago, Gran Tobago y Jost Van Dyke. Se encuentra en la carretera 40, donde Skyline Drive se convierte en Hull Bay Road.
Se dice que Drake utilizaba la bahía como punto de anclaje para sus barcos y lo que cuenta la leyenda es que subía a este punto de vista para identificar los buques que saquearía más tarde. Ahora pensando, ¿subiría el mismo Drake a vigilar buques? Yo pensaría que mandaba “chichincles” a eso, porque yo he subido esa loma en carro… ¡A pie no está fácil!  Pero hoy en día sigue siendo un gran lugar para disfrutar de las impresionantes vistas de la bahía y las islas circundantes. ¡Y a mi papá le encantaba!

La Leyenda de Villa Paula

Entre Robert, Gracie Watson y esta historia que les voy a contar hoy, parecería que todos mis cuentos son de fantasmas, y esa no fue mi intención al comenzar a escribir por este medio. De hecho, hoy me disponía a escribir sobre Santa Teresa, un barrio muy pintoresco en Río de Janeiro en el que aún corre un tranvía color amarillo muy llamativo, y a todas luces, por las fotos que he visto, es muy parecido al centro de Lisboa en Portugal (nunca he estado en Portugal, así que no lo puedo asegurar pero haría obvio sentido). Pero mientras pensaba que contar sobre Santa Teresa, seguía brincando al puesto de enfrente en mi cabeza una casa aquí mismo en Miami: Villa Paula.

Villa Paula es una magnífica mansión que data de los años 20; es blanca con imponentes columnas toscanas. Ya comentaba en otras ocasiones, Miami es una ciudad muy joven. Y eso no es ningún pecado, todas las ciudades lo han sido en algún momento de su historia. Lo que me choca de Miami es que los desarrolladores tumban edificios a diestra y siniestra para construir más edificios altos y más centros comerciales.  Aquí no hacen falta más centros comerciales. Hace falta que se conserven las estructuras históricas para que de aquí a 100 o 200 años, alguien pueda contar sus historias también.  Pues un día leyendo algún artículo de sitios interesantes en Miami, leí el nombre de Villa Paula. Pero no como un museo o como algo que conocer en el fin de semana, sino como una leyenda urbana de la edificación más embrujada de Miami (hay una casa en Coral Gables también, que alegadamente se pelea el título, no sé qué tan cierto sea; la única vez que fui, ya estaba cerrada y este año estará en restauración por lo que resta del año, es la casa de George Merrick, fundador de Coral Gables; también muy conocido por sus fantasmitas es el precioso Hotel Biltmore, también en Coral Gables). Por supuesto, la “Nancy Drew” que vive en mí se dio a la tarea de averiguar sobre Villa Paula. La casa está localizada en un sector de Miami que antes se conocía como Lemon City y que ahora se conoce como Little Haiti o La Pequeña Haití (¡porque aquí no solo tenemos Pequeña Habana!). Little Haiti es un barrio interesante y enigmático. Por allí sí me había metido antes a tomar fotos y lo que más me llamó la atención en el momento fue los letreros de los comercios en “creole”. Creole o criollo es el idioma oficial de Haití, junto con el francés, y es una mezcla del francés del siglo XVII con influencias de portugués español y lenguas del África Occidental, supongo que parecido al papiamento. Es hogar a la diáspora haitiana desde hace muchos años y conservan muchas tradiciones caribeñas, la comida, el idioma y tiene un Centro Cultural de lo más “up and coming”. Villa Paula queda en el corazón de la Pequeña Haití. Pasé un día por allí -está en North Miami Avenue, pero se veía totalmente cerrada y la verdad ya era como tarde y no me dieron ganas de bajarme a investigar. Pero mi intriga y curiosidad seguían vivitas y como mi madre dice siempre que yo me alcanzo para todo, otro día pasé y se veía movimiento de gente. Era temprano, mejor dicho, era uno de esos días de verano en que oscurece tardísimo, y me paré con la única intención de tomar unas fotos.  Un señor que salió en un pick-up truck al verme se devolvió y me preguntó si quería entrar, y yo para mis adentros pensé “Muerto, ¿quieres misa??!”. Solo por un momento escuché en mi cabeza la voz de mi amiga Milena cuando le conté una anécdota de un viaje a San Francisco y como un hippie bastante viejo y que aún parecía vivir en un viaje de ácido en los sesentas (esa historia es para otro día), muy amablemente me invitó a conocer por dentro su casa del mítico barrio de Haight & Ashberry, cuna del movimiento hippie en Estados Unidos, y yo alegremente acepté la invitación; y me dijo “pero muchacha, ¿tu eres loca?? te desapareces por allá en San Francisco y nunca volvemos a saber de ti, ¡qué peligro!”. Bueno, pues tomé mis fotos de afuera de la casa (adelanto que adentro, no me dejaron tomar) y entré. En el momento que iba a entrar, pasaba casualmente por allí una parejita a la cual invitaron también a entrar. Nos recibió un señor, muy “chic”, muy amable y nos preguntó si sabíamos la historia de la casa. ¡La parejita no tenía ni idea! Pero yo, como la ‘nerda’ del salón que todo el mundo odia, dije que claro por supuesto y les conté más o menos lo que sabía por encimita. Resulta que Villa Paula pronto va a abrir como un proyecto de arte, galería con estudios para los artistas, se ve algo chévere, pero lo mejor es que están restaurando la casa a su glorioso estado original. En Miami hay una palabra que le encanta a los desarrolladores de bienes raíces: “gentrificación” (no sé si es el término correcto en español). “Gentrification” es una singular tendencia de desarrollo urbano que aumenta los costos de las propiedades e impulsa el desplazamiento de familias de menores ingresos y negocios pequeños (piense Wynwood en Miami, Williamsburg en NY). Little Haiti en su esencia sigue siendo un barrio de minorías, pero ahora está muy cerquita del “tre chic” Little River (que va a ser el próximo Wynwood porque ya Wynwood está muy caro), es vecino del Design District, por lo que me hace todo el sentido del mundo que Villa Paula ahora vaya a ser una galería de arte.

Pero los llevé al revés, de presente a pasado. Vamos a los inicios, de dónde vino la leyenda de Villa Paula. Decía, Villa Paula es una mansión de estilo neoclásico con distintivo sabor cubano; tiene 10 habitaciones (sorprendentemente, solo 2 baños), techos de 18 pies, losas en los pisos pintadas a mano (me consta, ¡las pisé!), columnas toscanas y fue construida para el primer cónsul cubano en Miami, Don Domingo Milord, y su esposa… Adivinen… ¡Paula! Todos los materiales para la construcción de la casa fueron traídos de Cuba. Todo. ¡Hasta los clavos! La felicidad fue corta. A los seis años de haber tomado residencia, Paula lamentablemente murió tras complicaciones de una amputación de una pierna. Luego de ellos, la casa tuvo una residente por casi 30 años y luego pasó a ser un hogar de ancianos. Para mediados de los años setenta, Villa Paula estaba en un estado crítico de deterioro y servía de hogar a vagabundos. No como los de Draco: rodando por el mundo, camino, camino / pregunta a la quimera el enigma del destino / nómada loco, noctámbulo y soñador… No, sino de los que no tienen casa. Finalmente, por fin la propiedad fue comprada por el señor Cliff Ensor al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano con el propósito de restaurarla a su estado original. Eso se demoró más de 10 años en suceder, pero al menos ya la propiedad estaba asegurada. En todos estos años se formó la leyenda de Villa Paula.

Esto es lo que se dice de la casa:

Que se escuchaba que tocaban a la puerta de entrada, de forma constante pero intermitente. Sin haber nadie tocando. Esto no parecía tener explicación.

Esto próximo me choca particularmente, porque los que me conocen saben que amo los gatos y soy orgullosa “madre” de cinco, y parece que la presencia de la casa odiaba los gatos. Tres gatos domésticos de uno de los dueños murieron, golpeados por una puerta de hierro que parecía ser empujada con fuerza. Se dice que no había viento para cerrar de golpe la puerta. Se dice también que Muriel Reardon, la que vivió en la casa por más de 30 años luego del cónsul, odiaba a los gatos.

La puerta de una de las habitaciones solía cerrarse también de golpe, sin razón aparente. Se dice que Paula, al sentarse al piano, cerraba la puerta para evitar las ráfagas de viento en sus hombros.

Dicen que hasta el sol de hoy se siente fuerte aroma a café procedente de la cocina, así como el olor fragante de rosas en el comedor… en temporada que no es de rosas.

Cliff, ese dueño que compró la casa al estado también cuenta haber visto dos apariciones. Contaba cuando ya estaba muy viejito que un día, con el rabito del ojo, vio una sombra que se evaporó antes de que pudiera verla bien. Por el corredor que lleva a los cuartos, por donde yo anduve curioseando, vio lo que él describió como una mujer cubana (como se le ve la nacionalidad a un fantasma, no se), con el cabello negro recogido en un moño, silbando alegremente por el pasillo, con un vestido largo y con una sola pierna… y desapareció en el aire. Se escuchaban tacones en el caminito de piedra del patio trasero. Platos y cubiertos tirándose al piso de la cocina; una lámpara de candelabro se desprendió del techo en el portal de la casa causando un estruendo a su caída. ¡Oye no está fácil vivir con fantasmas bravos!

Luego, vino una investigación psíquica, supuestamente ya algo serio.  En una sesión de espiritismo en 1976 se reveló que no era solo el espíritu de Paula el que habitaba la casa, sino que eran cuatro espíritus más.

Supuestamente, Paula era muy tímida para identificarse propiamente, pero reveló que le gustaba moler café colombiano (vea usted pues, ¡hasta con los fantasmas tenemos buena fama!), tocar la música de “Carmen” en el piano, y poner rosas en la mansión porque le encantaba su olor. Otro era un hombre delgado, con sombrero de copa; una señora gruesa de vestido rojo; una mujer que lloraba molesta porque había perdido una medalla en el jardín. Finalmente, una mujer joven, muy triste, que buscaba el lugar del entierro de su bebé -ilegítimo, que se encuentra en algún lugar de los terrenos de Villa Paula, o cerca por los alrededores. Se cree que podría tratarse de una empleada de la casa. Luego de esa sesión espiritista, se dice que la actividad mermó bastante, pero que para los años ochenta se empezaron a manifestar de nuevo, con apariciones de Paula y más víctimas gatunas. En 1989 el periódico más importante de la ciudad, The Miami Herald, nombró Villa Paula como la edificación más embrujada de Miami. El dueño actual comenta que dos veces al año aparecen flores en una tumba que hay en el patio. Nadie sabe quién las trae.

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Los que me conocen saben que igual que amo los gatos, tengo una aberración casi anormal por las gallinas. No las odio, por favor, en esta casa no se matan ni gusanitos, se sacan al balcón para que los gatos no los maten. Pero si estoy en sandalias y hay una gallina cerca, automáticamente enrosco los deditos de los pies. Es algo más fuerte que yo. Para entrar a Villa Paula, tuve que pasarle por encima a una gallina que vive allí en el balcón de la entrada. En mi cabeza decía “es ridículo el pánico que le tienes a las gallinas, dale pa’lante”. Pues la condenada estaba cuidando unos pollitos y no le gustó para nada que le pasara tan cerquita y abrió sus alitas y me miró con cara de asesinato. Así que entré a la casa ya pálida del susto. Según Hollywood y los shows que ve mi hijo en tele, se siente frío cuando hay una presencia cerca (¿se acuerdan de The Sixth Sense? Spoiler alert, a ella siempre le daba frío cuando Bruce Willis se acercaba). No sé si en Villa Paula hacía frío pero sí se siente un ambiente pesado, cargado. Estuve en la cocina, donde Paula molía su café colombiano y solo diré esto: ya necesito que venga familia a visitarme de Colombia y me traiga un par de libritas de mi café Oma que se me acabó, para no terminar como alma en pena igual que Paula.